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La historia de Charly Danone (I): la primera actuación, el mánager y el chandal a rayas

¿Imaginas que un artista pase de interpretar a Camilo Sesto y Bertín Osborne a revolucionar la música disco hispana de los 80 con el High Energy y el Italo Disco? Esta es la historia de cómo Carlos Ruiz se transformó en Charly Danone.
Corrían los primeros años de los 80 cuando Carlos llegó a Barcelona desde La Rioja para estudiar arquitectura. Pronto descubrió que le atraía más la faceta del diseño de interiores y menos el ejercicio de la profesión. Lo que si tenía clara era su pasión por la música, que canalizaba cantando en pubs con su guitarra en actuaciones esporádicas que le conseguía su manager, ganando un equivalente a 100€. Julio Iglesias, Camilo Sesto, Bertín Osborne… formaban parte de su repertorio. Una vez le avisaron para cantar en un bar en el que el público se reducía… a una pareja. El dueño dudaba de que tuviera sentido actuar, así que Carlos le preguntó a la pareja si querían —¡sí, por favor, canta para nosotros!— El resultado fue muy bonito e íntimo.
Charly en sus inicios en Barcelona ¡atención a ese flequillo!
Pero un día, tres años después de su llegada a Barcelona —corría el año 1984— con 24 primaveras, después de vivir todo tipo de peripecias y en plena ebullición de la Barcelona ochentera, Carlos recibió una llamada de su mánager, pensando que era, como siempre, para actuar en otro pub. «No» —le dijo el mánager al otro lado del teléfono— «no te llamo para actuar, te llamo para ver si quieres grabar un disco…» «¿Cómo?» —exclamó Carlos. Tened en cuenta lo que suponía grabar un disco en aquella época. Hoy cualquiera con algo de dinero o un equipo semiprofesional puede hacerlo, pero entonces ¡grabar un disco! eran palabras mayores.
 
«Si, si» —explicaba el mánager a un Carlos atónito— «Félix quiere que le pongas voz a una canción que él tiene en mente». Se refería a FÉLIX B. MANGIONE, el fundador de la recien nacida y mítica Blanco & Negro, discográfica que en aquel momento contaba con un único trabajador, el propio Mangione, culpable de revolucionar la música de baile hispana con numerosos temazos del —en aquel momento— rabiosamente moderno y futurista High Energy e Italo Disco, géneros caracterizados por sonidos exclusivamente electrónicos, artistas efímeros y letras cantadas en un inglés absolutamente macarrónico. Escuchar estos primeros temas hoy resulta una experiencia encantadora, hortera y llena de ingenuidad. Pero en aquella época fueron la bomba en la más rabiosa modernidad en un país que despertaba e intentaba librarse de toneladas de caspa. Y, no nos engañemos, estos géneros verdaderamente revolucionaron la música de baile y concretamente la música electrónica.
El caso es que Félix necesitaba a una persona —un cantante valiente, desconocido y sin ningún complejo— para defender un nuevo y arriesgado perfil en el género que hoy conocemos como High Energy. Era necesario conseguir una voz desgarrada y robótica —con los medios de la época—, y después de un montón de pruebas en el estudio, consiguieron sacar adelante el primer tema de Charly Danone, que a partir de entonces se convirtió en el alter ego de Carlos Ruiz. Ese tema mítico no es otro que Ain’t Got A Chance (1984), un clásico para los amantes de High Energy, que hoy sigue sonando absolutamente fresco, hortera y súper potente.
La canción se editó pero no había medios para promocionarla. Apenas se escuchó en la radio, pero la noticia de la llegada de este nuevo sonido corrió como la polvora entre aquellos djs ochenteros —pinchadiscos entonces— que iban a comprarla al Corte Inglés y a disquerías, alcanzando un gran éxito en el mundo de la música de baile de la época. Fue el primer tema de este tipo de Blanco & Negro, junto con los de Jules Tropicana y Altanta de ese mismo año, con la salvedad de que el tema de Charly fue el primero de un cantante solista que pudiera tener continuidad.

El caso es que, después de este éxito, llegó el momento de hacer la primera actuación en vivo, ¡la primera actuación de Charly Danone!, en una discoteca de cierta envergadura de Barcelona. Iba a acudir el dueño de la discográfica, y Charly quería darlo todo; su sueño era dedicarse a su pasión: la música. Por eso debía impactar —como fuera— a Mangione, y la idea que se le ocurrió fue actuar… ¡en chandal! Sí, como lo leeis, en chandal, más concretamente uno rojo con rayas azules. En aquella época esa prenda comenzó a usarse entre la gente de clase alta para hacer footing, pronto se popularizó para, finalmente, convertirse en la prenta y el uniforme estandar de todos lo kinkis, macarras y politoxicómanos de la época en forma de la más infame e irrepetible mutación de aquella prenda deportiva: el chandal de tactel. Estoy seguro de que si rebuscáis en vuestro album familiar encontraréis a alguno de vuestros familiares —y a vosotros mismos— enfundados en aquel irrepetible pedazo de plástico de colores y combinaciones inverosímiles, imposible de planchar y altamente inflamable.
El imprescindible chándal de tactel de los 80
La parte de arriba de un modelito similar al que lució Charly en su primera actuación en vivo
… y llegó el día de la actuación. Enfundado en su chandal rojo con rayas rojas apareció en el escenario Charly Danone, para defender aquel futurista Ain’t Got a Chance, dándolo todo.  Como siempre, sin complejos. «Este tío es un gilipollas» —concluyó Mangione después de semejante espectáculo— «pero me interesa, porque ha conseguido llamar mi atención. Ahora, Charly, como vuelas a hacer algo así despídete».

Y así, señoras y señores, y de esta guisa, comenzó la trayectoria de Charly Danone que continuó con éxito durante varios años. Una historia de música y anécdotas en España y Sudaméríca que os iremos contando en nuestros martes de los 80.
 
¡Que aproveche!

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